Cada 24 de marzo, la Argentina se detiene para pensar(se). No es una fecha más: es el Día Nacional de la Memoria por la Verdad y la Justicia, una jornada que convoca a recordar a las víctimas del terrorismo de Estado durante la dictadura cívico-militar iniciada en 1976.
Cuarenta y ocho años después, el país sigue eligiendo este día para construir memoria colectiva, para reafirmar que los crímenes de lesa humanidad no prescriben y que la democracia se sostiene —entre otras cosas— en la capacidad de recordar.
En numerosos puntos del país se realizan actos, marchas, muestras y actividades culturales. Espacios emblemáticos como el Museo Sitio de Memoria ESMA vuelven a llenarse de jóvenes, familias y organizaciones que encuentran en esta fecha un momento para transmitir historias, abrir preguntas y reforzar el valor de los derechos humanos.
Pero la conmemoración no se agota en la agenda pública. También ocurre en lo cotidiano: en las escuelas que trabajan proyectos de memoria, en las radios que recuperan testimonios, en las familias que comparten nombres, silencios, fotos. En cada una de esas acciones late la decisión de no olvidar.
El 24 de marzo es un puente: une el pasado con el presente y nos recuerda que la democracia no es un punto de llegada, sino un proceso que necesita ser cuidado todos los días. Porque la memoria no busca quedarse anclada en el dolor; busca que ese dolor no vuelva a repetirse.
Hoy, como cada año, la consigna es clara: Memoria, Verdad y Justicia, siempre.












