Una reflexión de Lucas Gastón Fein sobre la salud mental, las oportunidades laborales y educativas y los desafíos que enfrentan los jóvenes de Concordia al momento de comenzar a construir su proyecto de vida.
¿Qué futuro estamos construyendo?
Últimamente nos dormimos un poco preocupados por lo que tendría que ser y no fue, por lo que queremos, por lo que deseamos y por aquello que todavía no logramos. Nos vamos a “descansar” con la mente cargada, creyendo que cerrar los ojos hará que todo desaparezca. Pero no. Incluso en la oscuridad y en el silencio, las batallas siguen estando.
Y a la mañana nos despierta, un poco exaltados, la alarma rutinaria que nos recuerda que nuevamente debemos salir a la calle a pelear por aquello que ayer no pudimos conseguir.
Como parte de esa rutina, muchas veces hacemos algo casi automático: agarramos el celular y comenzamos a recorrer las redes sociales. Entre una publicación y otra aparecen noticias que nos dejan atónitos.
Hace unos días leí que en el departamento Concordia se registraron 30 suicidios durante el primer semestre de 2026, una cifra que ya se acerca a los 35 casos registrados durante todo 2025. La franja de entre 22 y 30 años concentra la mayor cantidad de casos registrados durante esos primeros seis meses.
Y entonces aparecen las preguntas.
¿Qué lleva a una persona tan joven a llegar a ese punto? ¿Cuánto tiempo estuvo atravesando ese sufrimiento? ¿Cuántas veces pidió ayuda sin que pudiéramos escucharla? Probablemente nunca tengamos las respuestas completas.
Pero las preguntas siguen.
¿Qué hacemos como sociedad para evitar que esto suceda? ¿Qué hacemos como padres, como hermanos, como amigos? ¿Qué hacen las escuelas, los municipios, los organismos del Estado y los equipos de salud?
No se trata de encontrar un único responsable ni una única explicación. El suicidio es una problemática compleja y requiere respuestas sostenidas y articuladas. De hecho, Entre Ríos declaró en julio la Urgencia Sanitaria en Salud Mental, por un año, con el objetivo de fortalecer la respuesta del sistema público y ampliar su capacidad de atención.
Pero algo me sigue dando vueltas.
Todos los días veo jóvenes que hace poco terminaron la escuela secundaria y que ahora recorren la ciudad dejando currículums. A mí me llegan alrededor de diez por día. Son chicos que están intentando construir su futuro, que buscan su primera oportunidad laboral, que quieren estudiar, trabajar, independizarse y comenzar a escribir su propia historia.
Y ahí aparece otra cuestión.
Decimos que la educación es pública y gratuita, y en términos formales lo es. Pero estudiar también tiene costos. Hay que pagar el pasaje, las fotocopias, los libros, el acceso a internet y, muchas veces, hasta el celular que permite sostener una cursada. Todo tiene un costo.
¿Y por qué me detengo en esto?
Porque pienso en esos jóvenes que todos los días salen a buscar trabajo y que muchas veces gastan sus últimos pesos en imprimir currículums que terminan repartiendo por toda la ciudad sin conseguir una oportunidad.
La realidad es que en Concordia el trabajo no alcanza para todos los que lo buscan.
Entonces, quizás también deberíamos preguntarnos qué futuro estamos comenzando a construir para las nuevas generaciones.
Quienes ya estamos más encaminados en la vida, aunque también hayamos recibido golpes, contamos con experiencias que de alguna manera nos ayudan a volver a levantarnos. Pero quienes recién comienzan a transitar este camino todavía están construyendo sus herramientas para enfrentar esos golpes.
Son los jóvenes a quienes todos les decimos que “tienen toda la vida por delante”.
Y quizás justamente por eso deberíamos empezar a preguntarnos qué estamos haciendo para que realmente puedan tenerla.
Lucas Gastón Fein











