Tras 45 años en Diario El Heraldo, el histórico reportero gráfico de Concordia repasó su carrera, recordó la evolución de la fotografía, compartió anécdotas inolvidables y reflexionó sobre un oficio que, asegura, volvería a elegir una y otra vez.
Hay profesiones que se ejercen y otras que se viven. En el caso de Marcelo González, la fotografía fue mucho más que un trabajo: fue la pasión que lo acompañó durante más de cuatro décadas detrás de una cámara, registrando la historia de Concordia desde las páginas de Diario El Heraldo.
Invitado al programa La Tarde de Zona, conducido por Marcelo Maffei en Radio Zona TV 99.7, González abrió el álbum de los recuerdos para repasar una trayectoria que comenzó en junio de 1980 y que hoy llega a su cierre con la tranquilidad de haber cumplido un ciclo.
«Uno piensa que falta muchísimo para jubilarse, pero de golpe llega el momento», expresó al comenzar la entrevista.
Aunque reconoce que todavía le cuesta asimilar la despedida, asegura que se marcha con la satisfacción del deber cumplido.
«Trabajar toda la vida en un solo lugar es muy raro. Mi casa fue el diario.»
Una pasión que nació en la infancia
Su amor por la fotografía comenzó cuando apenas era un niño.
Antes de convertirse en profesional, soñaba con tener una cámara propia y esperaba con ansiedad cada reunión familiar para utilizar una vieja Kodak de rollo que circulaba entre los integrantes de la familia.
«Para mí la fotografía es todo. Desde muy chico soñaba con tener una cámara.»
Más de cuatro décadas acompañando la evolución tecnológica
Durante su carrera fue testigo de una transformación completa en la forma de trabajar.
Conoció la época del revelado en cuarto oscuro, vivió la llegada de las primeras cámaras digitales que almacenaban imágenes en disquetes y terminó desempeñándose en una era donde los teléfonos celulares permiten enviar fotografías en cuestión de segundos.
Lejos de cuestionar esos avances, los valora como una herramienta que agilizó el trabajo periodístico.
Sin embargo, considera que la tecnología nunca reemplazará la mirada del fotógrafo.
«»Cualquiera puede sacar una foto, pero no cualquiera es fotógrafo.»»
Para González, existe una diferencia fundamental entre apretar un botón y construir una imagen.
«Ser fotógrafo es una cosa; ser reportero gráfico se aprende en la calle.»
Asegura que incluso hoy continúa practicando todos los días, buscando nuevas perspectivas y entrenando la mirada para captar el instante preciso.
El aprendizaje que no enseñan los manuales
Durante la entrevista también recordó a quienes marcaron su formación dentro del periodismo gráfico.
Además de desempeñarse como fotógrafo, con los años asumió responsabilidades en la coordinación del diario y aprendió los secretos de la edición gráfica trabajando junto al histórico periodista Lieberman.
«Sentado en su escritorio aprendí a redactar, a mirar y a entender cómo funciona un diario.»
Por eso sostiene que la experiencia sigue siendo insustituible.
«La tecnología ayuda muchísimo, pero no te enseña dónde pararte, cómo leer una escena, cómo componer una imagen o cuál es el mejor ángulo.»
Incluso dejó abierta la posibilidad de transmitir esos conocimientos a las nuevas generaciones.
«Tal vez llegue una etapa de enseñar.»
La foto que nunca pudo sacar
Entre miles de imágenes tomadas a lo largo de su carrera, hay una que jamás pudo obtener y que todavía recuerda con una mezcla de humor y frustración.
Ocurrió durante la inauguración del Hospital Delicia Concepción Masvernat, cuando el entonces presidente Néstor Kirchner aceptó fotografiarse junto al director del establecimiento.
Justo en ese instante, la batería de la cámara se agotó.
«Me abrazó y, entre risas, me dijo: ‘Hay que ser boludo para quedarse sin batería cuando le vas a sacar una foto al Presidente’.»
Aunque el acto ya había sido cubierto por completo, esa imagen íntima quedó para siempre entre las fotografías pendientes de su carrera.
Las inundaciones, un registro histórico de la ciudad
Si hay un acontecimiento que marcó especialmente su trabajo fueron las sucesivas inundaciones que sufrió Concordia.
Aunque reconoce el dolor que representan para cientos de familias, también entiende que forman parte de la memoria colectiva de la ciudad.
Durante años construyó un archivo con miles de imágenes que documentan esos momentos.
«Creo que tengo fotografías de todas las inundaciones que me tocó cubrir.»
Cada vez que revisa esos negativos o archivos digitales recuerda exactamente dónde estaba parado, cómo encontró la luz y qué ocurrió segundos antes de presionar el disparador.
Un archivo de cámaras y recuerdos
Además de conservar miles de fotografías, Marcelo también guarda prácticamente todas las cámaras con las que trabajó.
Desde sus primeras réflex hasta los equipos más modernos, forman parte de una colección cargada de historias.
«Tengo todas guardadas. Algún día haré algo con ellas, pero todavía me siento en actividad y no quiero convertirlas en un museo.»
Cada una representa una etapa distinta de una profesión que atravesó enormes cambios tecnológicos sin perder su esencia.
El respeto por el oficio
Durante la conversación también hubo espacio para recordar a colegas que dejaron una huella en el periodismo de Concordia y que ya no están. Con emoción recordó a otros profesionales con quienes compartió años de trabajo.
Para González, la humildad fue siempre una condición indispensable.
«Yo nunca me sentí con derecho a usar el título hasta que supe que estaba a la altura. Escuchando y aprendiendo.»
Esa forma de entender el oficio también se reflejó en el respeto hacia sus colegas.
«Nunca tuve diferencias con nadie. Tengo amigos en la radio, la televisión y los diarios de Concordia y de otras ciudades.»
Una profesión que volvería a elegir
Después de 45 años recorriendo calles, cubriendo acontecimientos históricos, retratando presidentes, artistas, deportistas y vecinos anónimos, Marcelo González asegura que el mayor reconocimiento no fue económico.
Los saludos recibidos por colegas de distintos lugares del país al conocerse su jubilación le confirmaron que el verdadero legado está en las personas.
«Eso vale más que cualquier sueldo.»
Y cerró la entrevista con una frase que resume toda una vida detrás de una cámara:
«»Esta profesión me gusta tanto que hasta gratis la haría.»»
Con la misma humildad con la que comenzó su camino en 1980, Marcelo González se despide de las coberturas diarias dejando un legado invaluable para el periodismo de Concordia: miles de fotografías que documentan la historia de una ciudad y la certeza de que una buena imagen siempre depende mucho más de quien mira que de la cámara que tenga entre sus manos.
«Mirá la entrevista completa a Marcelo González en el programa La Tarde de Zona, con la conducción de Marcelo Maffei, por Radio Zona TV 99.7.»







