Ante la alta probabilidad de un impacto severo del fenómeno El Niño, Concordia enfrenta un escenario de riesgo creciente por lluvias extraordinarias e inundaciones. En diálogo con Cristina Guitar, especialistas advierten sobre el deterioro de los humedales y la urgencia de una gestión ambiental integral que combine información precisa, participación ciudadana y nuevas herramientas tecnológicas para mitigar daños. La prevención, sostienen, es hoy la clave para proteger a la comunidad y al ecosistema local.
La ciudad enfrenta un escenario ambiental complejo ante la inminente intensificación del fenómeno de El Niño, cuyo impacto ya anticipan especialistas y organismos internacionales. Con probabilidades cercanas al 85% de registrar eventos hidrometeorológicos de alto impacto, la región debe prepararse para lluvias hasta un 40% superiores a los promedios habituales, incrementando el riesgo de inundaciones, anegamientos y fallas en los sistemas de drenaje.
En una conversación con Cristina Guitar, el análisis atraviesa tres ejes clave: riesgo climático, función vital de los humedales y gestión ambiental preventiva. El mensaje es contundente: no podemos modificar el río ni las dinámicas naturales asociadas, pero sí reducir los daños a través de educación, planificación urbana responsable y acciones tempranas.
Los humedales —reservorios naturales que amortiguan el exceso hídrico y sostienen la biodiversidad— se encuentran hoy bajo presión por la expansión urbana, movimientos de suelo y desvíos de escurrimientos. Este deterioro se hace visible en cada lluvia intensa, con fenómenos como las “enchorradas” que afectan calles y viviendas. La falta de visión ambiental histórica y los conflictos de intereses complejizan aún más la situación.
La propuesta innovadora presentada por el Consejo Protector de Humedales busca revertir esta tendencia mediante tecnología y participación ciudadana: una aplicación con inteligencia artificial que integre inventarios de humedales, topografía, antecedentes de inundaciones y niveles del río. El objetivo es ofrecer diagnósticos de riesgo personalizados en tiempo real, tal como ya ocurre en otras ciudades del país.
Paralelamente, se destaca un trabajo articulado y horizontal entre profesionales, municipios y organizaciones sociales, con avances concretos como la suspensión de obras en zonas críticas hasta garantizar compensación ambiental mediante reforestación y lagunas de contención. El desafío ahora es profundizar la formación comunitaria en escuelas, clubes, iglesias y centros barriales, realizando simulacros y capacitaciones para reducir vulnerabilidades.
Con una probabilidad del 80% de eventos extremos en los próximos meses, la respuesta no puede esperar. La única forma de proteger la ciudad y sus humedales es fortalecer la información, el monitoreo y la cooperación multisectorial. Transformar esta amenaza en una oportunidad dependerá de la capacidad colectiva de anticiparse, coordinar y actuar.












