Camila Cabrera visitó los estudios de Radio Zona TV para visibilizar su caso. Denunció haber sido víctima de abuso intrafamiliar durante su infancia y expresó su desesperación ante la posibilidad de que la causa prescriba en la justicia. «Me arruinaron la vida, solo pido que esto no quede impune», expresó.
En una entrevista profundamente conmovedorade de la que se hizo eco toda la comunidad, Camila Cabrera rompió el silencio en el programa La Tarde de Zona para exponer una pesadilla que arrastra desde su infancia. Con documentación oficial y avalada por el trabajo de su equipo legal, relató los abusos sistemáticos que sufrió por parte de un familiar directo desde los 8 y hasta los 14 años, destacando que el primer episodio de acceso carnal ocurrió cuando apenas tenía 9 años.
Durante años, el dolor y el entorno la obligaron al silencio. Según relató, el núcleo familiar optó por desacreditarla y tildarla de «mentirosa» o «loca» para proteger una supuesta imagen perfecta, perpetuando un sistema de encubrimiento. Fue recién de adulta, respaldada por su esposo y sus hijas, que decidió dar el paso definitivo y llevar el caso a la justicia.
Sin embargo, el proceso judicial se convirtió en una nueva fuente de revictimización. Con lágrimas y firmeza, Camila denunció el principal obstáculo al que se enfrenta hoy en los tribunales: “Me sentaron en la fiscalía y me dijeron que la culpabilidad es indiscutible y que hay pruebas de que digo la verdad, pero que lamentablemente la causa corre el riesgo de prescribir”.
Lejos de buscar protagonismo, la joven profesional expuso la campaña de desprestigio, hostigamiento y los falsos escraches que debió soportar en redes sociales por parte del entorno del acusado para desacreditar su testimonio y su título universitario. «¿Qué beneficio tengo yo? Me han hecho perder trabajos y han puesto en duda toda mi vida. Lo hago público porque el daño ya está hecho y no quiero que esto le pase a nadie más, ni que el responsable quede libre», sentenció con firmeza.
La nota completa de Radio Zona TV pone nuevamente sobre la mesa la urgencia de visibilizar los abusos en la infancia, el peso del silencio familiar y las trabas técnicas de los tiempos judiciales frente a delitos de esta gravedad.












